El sabor de la buena vida

 
 

La gastronomía del Valle del Almanzora constituye un elemento destacado de la cultura de estas tierras que durante siglos tuvo en la cocina andalusí un referente fundamental, no sólo por su importancia como fuente de nutrición y salud sino como forma de relación social y sosegado disfrute de los placeres de la buena mesa. Por otra parte, la civilización cristiana integró, además, los elementos básicos de la dieta mediterránea. Ambas culturas gastronómicas se unen sabiamente y dejan disfrutar al visitante de una amplia, deliciosa y saludable oferta restauradora.

El ajo, las especias y los productos de la huerta son ingredientes básicos para la preparación de las populares migas cortijeras, las gachas, la olla de trigo, la fritá de conejo o las típicas patatas boca abajo. En cuanto a los postres destacan los roscos de Semana Santa, los soplillos, los mantecados de miel, el cuajao de almendras, la leche frita o el pan de higos. No hay que olvidar que la base de la dieta mediterránea es el aceite de oliva que se produce y envasa en localidades como Albox, Arboleas, Tíjola, Serón o Urrácal. El jamón también es un manjar muy característico en El Valle del Almanzora y, por ejemplo, el de Serón goza de prestigio internacional.

La matanza del cerdo es un elemento básico de la economía de la zona pero además es motivo de reunión y festejo en el que pueden participar los buenos gourmets. Si preferimos algo más dulce, la amplia oferta de repostería hará los manjares de cualquier goloso exigente. Y para acompañar a los dulces, mistela, bebida típica que el visitante puede degustar en cualquier bar o establecimiento de restauración.